Esta pareja es la protagonista del nuevo lanzamiento de Onda Cero Pódcast, la ficción sonora «Los Perseguidos», basada en la novela de Fernando Benzo
Salva Reina y Natalia Huarte estuvieron siempre en la mente de Pablo Lara cuando preparó la adaptación de la novela de Fernando Benzo «Los perseguidos», a la ficción sonora que acaba de estrenar Onda Cero Pódcast. Hablamos con los dos actores protagonistas, en los papeles de Peyo y Daniela, respectivamente, sobre su primera experiencia en este formato.
Para ambos es su primera ficción sonora. ¿Cómo se enfrentaron a este reto?
Natalia: Pues al principio con la cosa del micro. A veces, Adrián decía: «No te alejes mucho» y yo contestaba: «Pero si no me puedo mover, no tengo a la mirada, no tengo, a veces, al compañero...». Hay un momento en que todo eso se ordena, y muchas veces sentía que estaba en la rueda de prensa con el ministro; o que estaba paseando por la calle. En un momento dado se te olvida, estás con el guion tan metida que acabas siendo el personaje igual. Ese miedo a mí se me quitó bastante rápido, al segundo día ya estaba muchísimo más conectada ahí.
Salva, en su caso, ¿hubo que repetir muchas veces por fallos?
Salva: No tantas como debe parecer. De hecho, aportaba muchas cosas positivas; no fui un escollo en la ficción sonora (río). Repetíamos algunas veces para encontrar el tono. No es lo mismo el tono que utilizas cuando interpretas apoyándote en tu movimiento, en tu mirada, o en la imagen. Eran cosas como que en esta escena hay que imprimirle un poco de más fuerza o un poco más de volumen. Además, quieres que suene real y natural. En el audio había veces que faltaba algo, que no sabíamos qué es, qué era lo que tú a lo mejor pones en tu cabeza. Crees que lo estás poniendo con otras herramientas que tienes, y lo tenías que aportar con la voz.
Eso es muy importante: gente fumando, respiración agitada...
Salva: Tengo alguna secuencia haciendo el amor también.
¿Cómo se pone uno en situación?
Salva: Bueno, al final es un poco de la misma manera que actuar. En audiovisual muchas veces te toca venir, que estás corriendo, y de repente, pues das unos saltitos. Y entras en ese mood físico que te ayuda un poco en la interpretación. En mi caso era un poco igual. Intentábamos apoyarnos un poco, siempre que podíamos, en algo. Coger un lápiz o un vaso para una cerveza. Pero, a veces, te lo tenías que construir. Esa es nuestra profesión: construir cosas donde no las hay.
Natalia. ¿Qué tomó en cuenta para, a través de la voz, intentar ponerse en la piel de una periodista?
Me pasó el guion Pablo hace ya tiempo y me decía: «Tú piensa que está sola, en un mundo de hombres; perdiendo a su padre y que se le ha encomendado una misión vital. Es muy intuitiva y aparece la oportunidad de su vida y cree que tiene que ir con todo». Entonces, no juzguemos si tiene mucha fuerza o no; tiene que ser una voz que sobresalga sobre otras: que sea capaz de parar al ministro en mitad de una rueda de prensa. Y trabajando con él sobre esto, hablábamos de coger esa fuerza, de ponerme delante del micro, tener la pantalla delante e imaginarme que tengo que parar al ministro porque si no se me va y no me bajo del burro. Y luego intentar dar matices, porque a ella le van pasando un montón de cosas y una historia personal con el padre; es una mujer muy herida. Le pasan varias cosas a lo largo de la serie, que creo que van ablandando a ese personaje. Es una mujer hecha a sí misma, que ha tenido que luchar mucho y que esa fuerza tenía que estar desde el principio. Porque si no, es que me comen. Teniendo encima todas estas voces a mi alrededor: Arturo Querejeta, Juan Gea, Nacho Fresneda... Había que subirse también a ese tren de una tía que te creas que tiene un par de ovarios y que va a decir las cosas sin tapujos.
Salva, ¿cómo no estereotipas a un delincuente?
Con Pablo hablamos de buscar la humanidad de este personaje de Peyo. Da igual su pasado, da igual que sea delincuente. Es un tipo que viene completamente roto, desahuciado y solo, y que a través de volver a descubrir esta historia con Dardo y de encontrarse con el personaje que interpreta Daniel, se va ablandando, se va humanizando y va recuperando algo de esperanza por la vida; muy poquita, pero por lo menos encuentra un rollo vital: voy a hacer esto bien.
¿Hubo espacio para la improvisación?
Salva: Pablo es un tipo muy inteligente, y si surgía algo y veía que le interesaba para la historia, te lo compraba. Si no, te decía: «Relájate, vamos a lo que está escrito».
¿Se ven capacitados para la ficción sonora?
Salva: Me encantaría. Esto ha sido para mí romper prejuicios y contar historias de esta manera que me parece muy enriquecedora.
Página 70 del periódico La Razón del día 17 mayo 2026
0 Comentarios